
Cómo se hacen las perlas
Hay algo en las perlas que engancha. Son la única joya que no sale de una mina ni pasa por un taller: se hace sola, dentro de un animal vivo, capa a capa y sin prisa. Por eso no hay dos iguales.
¿Nunca te has preguntado cómo se hace una perla? ¿De qué está hecha por dentro, o qué diferencia hay entre una natural y una cultivada? Te lo contamos sin tecnicismos.

Cómo se forman las perlas de forma natural
Imagina una ostra tranquila en el fondo del mar. Un día algo diminuto se le cuela dentro y se queda ahí, incordiando. No puede expulsarlo, así que hace lo único que sabe: envolverlo con la misma sustancia con la que fabrica el interior brillante de su concha, hasta que deja de molestar.
Esa sustancia es el nácar. Y no lo suelta de golpe: lo va poniendo en capas finísimas durante meses o incluso años. Al final, lo que empezó siendo un problema acaba siendo una perla.
Por cierto, lo del grano de arena es más leyenda que otra cosa. En la naturaleza lo habitual es un parásito diminuto, un trocito de concha o una pequeña herida. La arena casi nunca llega tan adentro.
De qué están hechas las perlas: la sustancia que las compone
Si alguna vez has buscado cuál es la sustancia que compone una perla, la respuesta es el nácar, también llamado madreperla.
¿Y qué es el nácar? Pues básicamente cal. Un 95 % es carbonato de calcio, el mismo material de las conchas, y el 5 % restante son proteínas que hacen de pegamento entre capa y capa. Así lo describe el Gemological Institute of America (GIA), la referencia mundial en gemología.
Lo bonito viene ahora. Esas capas no se apilan de cualquier manera: se colocan como los ladrillos de una pared, superfinas y ordenadísimas. La luz entra, rebota entre ellas y sale con ese brillo suave y tornasolado que reconoces al instante en unas joyas de perlas. No es barniz ni pintura. Es pura estructura.

Cómo se hacen las perlas cultivadas
Encontrar una perla natural siempre fue cuestión de suerte. Y de abrir muchísimos moluscos. Demasiados. De ahí nació el cultivo de perlas.
El mérito se lo lleva un japonés, Kokichi Mikimoto, que el 11 de julio de 1893 consiguió la primera perla cultivada tras años de intentos fallidos. Todavía tardó una década más en lograrlas perfectamente redondas.
Cómo se hacen las perlas cultivadas paso a paso
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Se cría el molusco. En granjas de mar o de agua dulce, hasta que está preparado.
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Se hace el injerto. Un técnico coloca con muchísimo cuidado un trocito de tejido de otro molusco donante. Si es una perla de agua salada, añade además una bolita de concha que hará de centro.
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Se forma el saco perlífero. Ese tejido crece y forma una bolsita alrededor del centro.
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Empieza el nácar. La bolsita lo segrega igual que lo haría ante un intruso, y va cubriendo el centro capa a capa.
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Se recoge. Llegado el momento se saca la perla, se limpia y se clasifica por tamaño, forma, color y calidad del nácar.
Y aquí lo importante, porque mucha gente lo confunde: una perla cultivada es una perla de verdad. El nácar es auténtico y lo ha fabricado el molusco; nosotros solo damos el empujón inicial. Nada que ver con las de imitación: bolitas de plástico o cristal con un baño nacarado.
Cuánto tarda en formarse una perla
Pues depende de la especie, del agua y del grosor de nácar que se busque. Puede ir de unos meses en algunas perlas de agua dulce a varios años en las de mar más grandes.
Y ese tiempo se nota: cuanto más gruesa es la capa de nácar, más bonito es el brillo y mejor aguanta la perla el día a día.
Tipos de perlas según su forma
No todas salen redondas, y menos mal, porque ahí está buena parte de su gracia:
• Perlas quiste: las que crecen sueltas dentro del saco perlífero. Son las redondas, ovaladas o con forma de pera, nacaradas por todos lados. Las clásicas de los collares de perlas de toda la vida.
• Perlas barroca: totalmente irregulares. Cada una es un mundo, y justo por eso gustan tanto ahora en diseños con más carácter.
• Perlas blíster: crecen pegadas a la concha, así que solo tienen nácar por arriba, con forma de media esfera. Cuando se cultivan se llaman perlas Mabe, y son perfectas para pendientes de perlas porque pesan poquísimo.
¿Y el color? El blanco y el crema son los de siempre, pero las hay grises, rosadas, doradas, verdosas, azuladas e incluso negras, según el molusco.

Cómo saber si una perla es auténtica
No hace falta ser experta. Fíjate en esto:
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La superficie. Una perla real tiene sus pequeñas imperfecciones. Si es perfecta perfecta, sospecha.
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El tacto. Frota dos perlas suavemente entre sí: el nácar raspa un poquito, el plástico resbala.
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La temperatura. Al ponértelas están frías y se van templando con tu piel.
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Los desconchones. Si se salta la capa de fuera y debajo asoma otro material, no es auténtica.
Cómo cuidar tus joyas con perlas
El nácar es precioso, pero también delicado. Al ser un material natural y poroso, los productos químicos le sientan fatal. La regla es fácil de recordar: tu perla es lo último que te pones y lo primero que te quitas.
Nada de perfume, laca o crema directamente encima. Y la piscina, mejor sin ella. Al terminar el día, pásale un paño suave y seco y guárdala en su estuche, lejos de piezas que puedan rayarla.
Con ese mimo mínimo, unas pulseras de perlas o unos anillos de perlas te acompañan muchísimos años.

Preguntas frecuentes sobre las perlas
¿Las perlas cultivadas son perlas de verdad?
Sí, del todo. El nácar lo fabrica el propio molusco, igual que en una perla natural. Lo único que cambia es que el proceso se inicia a propósito en una granja, no por casualidad.
¿Cuál es la sustancia que compone una perla?
El nácar: un 95 % de carbonato de calcio y un 5 % de proteínas y compuestos naturales. Es el mismo material con el que el molusco recubre el interior de su concha.
¿Se puede mojar una joya con perlas?
Mejor no. El agua, y sobre todo el cloro, va apagando el nácar y puede estropear el hilo de los collares. Quítatelas antes de la ducha, la playa o la piscina.
¿Qué perla elijo para el día a día?
Las pequeñas y las blíster son ligeras y cómodas, ideales para llevar a todas horas. Las redondas grandes lucen más en ocasiones especiales. En nuestra selección tienes las dos opciones, en Plata de Ley 925 y baño de Oro de 18 kt.
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